Aulas en silencio

Las señales de bullying NO se ignoran - Casos que marcaron a Costa Rica

3/19/20263 min read

En el año 2025, Costa Rica registró nuevamente cifras elevadas de acoso escolar, afectando a miles de estudiantes en nuestro país. El bullying debe de entenderse como un comportamiento repetitivo de rechazo, insultos, burlas, exclusión y agresiones físicos. Estos maltratos ya sean físico, verbal o psicológico provoca graves secuelas como depresión, baja autoestima y un sentimiento de aislamiento por ser considerado como “diferente”. Lamentable, cuando estas conductas se prolongan, pueden llevar a la víctima a situaciones de límites que atenten contra su propia vida.

Aunque estos actos suelen ocurrir, las víctimas y algunos agresores siempre manifiestan señales de alerta. Estas señales no deben ignorarse; son gritos de auxilio que exigen una respuesta de inmediata. Docentes, familia y la comunidad educativa deben de estar atentos para intervenir manera integral y sin revictimizar. Es vital activar los protocolos de forma adecuada, buscando soluciones internas y contando con el apoyo de profesionales en la salud, la orientación e investigación para establecer límites y fortalecer la prevención. Hemos analizado que los protocolos actuales para atender el bullying carecen de una solución integral; funcionan más como un castigo que como una verdadera respuesta formativa. Esto ha generado desconfianza en la comunidad educativa y evidencia la falta de capacitación o, en algunos casos, la ignorancia para abordar situaciones que requieren atención urgente y segura. No se trata simplemente de activar el protocolo para derivar la responsabilidad a otros entes, permitiendo que el proceso sea más lento sin ofrecer respuestas reales. Ante esto, cabe preguntarse ¿habrá realmente una mejora en la persona víctima o cambio de conducta en el agresor si solo reprime el acto, pero no se trabaja en la prevención?

Costa Rica registró 454 casos de acoso escolar en las escuelas y colegios durante el año 2025. Estas cifras evidencian que, aunque se activaron los protocolos, las señales de alerta fueron ignoradas o la intervención fue tardía, sin alcanzar la resolución temprana. Los datos demuestran la urgencia de abordar el problema con mayor profundidad, optimizar la resolución de conflictos y fortalecer la prevención desde las aulas. Los casos que han conmocionado al país demuestran que el bullying NO es un juego y ni se atiende de forma pasiva. El fuerte impacto en la víctima es hoy un grito de urgente acción y se observa la necesidad de integrar la colaboración interdisciplinaria y la criminología educativa para abordar esta problemática con la seriedad que se requiere.

El caso de Ricardo González Rivera “vivía días de terror en el colegio donde 2 de sus compañeros eran los agresores principales”

Ricardo González, estudiante del Liceo Samuel Sáenz Flores, perdió la vida un sábado de noviembre del 2025. Su padre, al entrar a su habitación, se encontró con la trágica escena. Ricardo González sufría de acoso constante por parte de dos de sus compañeros, quienes eran sus principales agresores, Ricardo vivía sumido en el temor, el miedo de enfrentar un nuevo día de burlas, rechazo e intimidación en el colegio que lo consumía. Aunque las señales de alerta siempre estuvieron presentes, la empatía del entorno falló, Ricardo no sentía el apoyo ni la protección necesaria, el profundo dolor físico y mental llevó a tomar la decisión de acabar con su vida. El Ministerio de Educación Pública solicitó al Liceo los informes del caso y los protocolos utilizados, el Liceo ya se encontraba “alarmada” para brindar acompañamiento al centro educativo, para los estudiantes como docentes y administrativos, el caso fue investigado por el Organismo de Investigación Judicial.

El caso de Lucía

Lucía era una joven de 16 años, estudiante del Liceo de Poasito. El sábado 7 de junio, consumida por un dolor profundo, tomó la fatal decisión de quitarse su propia vida. En el Liceo, era víctima de burlas y agresiones físicas constantes por parte de sus compañeros. Aunque su tía acudió en varias ocasiones a conversar con el director de la institución para denunciar el daño que recibía su sobrina, la institución pareció ignorar la gravedad de la situación. Un momento crítico ocurrió cuando uno de sus agresores le arrebató su cartuchera y lápices, Lucía rompió en llanto, dejando salir un dolor que ya no podía contener. Estas señales, que evidenciaban un cuadro depresivo profundo, fueron ignoradas hasta que la joven no encontró salida que acabar con su vida.

Las elevadas cifras de suicidio juvenil están, en muchos casos, estrechamente vinculadas al acoso escolar que al soportar un dolor silencioso termina por desbordarse, muchos jóvenes acaban atentando contra sus propias vidas. Tanto el suicidio como el bulllying son señales preocupantes que no deben ser ignoradas. El entorno educativo no debe ser un lugar de supervivencia, sino un espacio de enseñanza, aprendizajes, fomentar la cultura, practicar los valores y que forme a los jóvenes para el futuro. Es hora de actuar por el bienestar de nuestra juventud y que la educación vuelva a ser un privilegio y nunca el miedo.